Cata de quesos en Barcelona

Era sábado de Mercè y mientras en la plaza Sant Jaume media Barcelona bailaba Sardanas, Kathrine, nuestra iniciadora en el arte de catar el queso, nos esperaba sonriente en la entrada de su Formatgeria La Seu. Las seis de la tarde nos pareció un poco temprano para un atracón de quesos artesanales, poco después nos daríamos cuenta que era la hora ideal.

Conocimos el lugar gracias a muchomasqueunregalo.com, una gran idea hecha negocio aunque con una política de privacidad de datos un poco dudosa. Hubo todo lo que prometía la jugosa oferta en la página web, el rincón exclusivo del Barrio Gótico de Barcelona, efectivamente lo era y más después de ver lo que costó encontrar un sitio en Barcelona donde hacer una auténtica cata de quesos, el local, tan romántico y tradicional, más tradicional que romántico (aquí cada uno ya le pone el romanticismo al asunto escogiendo una buena compañía), hubo también el amplio surtido de quesos elaborados en distintos puntos de la península ibérica, no tengo ninguna duda de que aquellos eran algunos de los mejores quesos que se puedan encontrar en todo el territorio y por último la misma propietaria del local, quien os reciba para llevaros a un pequeño espacio reservado sólo para sus clientes especiales, Kathrine, una escocesa más que entrañable y con un dominio del catalán que haría sonrojar a algún que otro President de la Generalitat.

Pudimos catar hasta siete variedades de queso distintas, todos hechos en España. No faltaron en la mesa un buen vino tinto, un poco de pan y algunos trozos de manzana ácida laminada para limpiar el paladar entre queso y queso. Por si fuera poco, al terminar, Kathine nos ofreció un par de helados de queso, y con esto coronamos la cima de nuestro placer gustativo, a ella le hizo ilusión que nos gustarán y a nosotros aún más verla disfrutar como lo hacía con su trabajo, no es de extrañar, aquel rincón del barrio gótico era un pequeño templo para cualquier amante del queso.

Nos fuimos a casa con una innegable sonrisa en los labios y una evidente satisfacción en la boca. Nos llevamos también una cajita con algunos de los quesos que habíamos catado (incluida en el precio, 50 euros por cabeza) y la sensación de que acababamos de vivir una gran experiencia.


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