Soy mi perfil en Facebook

Hace un par de semanas salía publicado en la edición digital del periódico canadiense The Vancouver Sun un interesante artículo titulado “Facebook helps Grade 12 girls ‘ad-dress’ issue on grad night” (Visto en Facebook Noticias) donde Jim Gibson relata cómo las chicas de ultimo curso de la escuela de secundaria Mount Douglas de Canadá consiguen evitar el desastre (mayúsculo) de que dos o mas de ellas repitan el mismo vestido en la noche de graduación. La solución pasa por crear un grupo en Facebook donde las adolescentes cuelgan las fotos del vestido que llevarán a tal importante evento. Gibson versa en el artículo sobre la enorme importancia que tiene para estas chicas la elección de su vestido de graduación, baile incluido por supuesto, para acabar reflexionando sobre el sentido real de colgar las fotos del vestido en Facebook. En un paralelismo con las fotos de las vacaciones de una de las chicas, el articulista termina con una contundente y a su vez acertada afirmación: “The Facebook photos become more important than the actual vacation“.

He aquí la confirmación de la paradoja del “yo no soy yo, sino la proyección de mi sobre los demás”, completamente maltratada por parte del colectivo publicista simpatizante de eslóganes del tipo “eres lo que bebes”, “eres lo que comes” o el doloroso “eres lo que lees”. Partiendo pues del principio de proyección del individuo como única prueba de su existencia llegamos a la (terrorífica) conclusión de que si mi perfil de Facebook permite mostrar lo que leo, lo que como y bebo, lo que escucho e incluso la imagen que proyecto al mundo, entonces, yo soy mi perfil en Facebook y en ello se basa toda mi existencia, hasta el punto en que las fotos de mis vacaciones sean mas importantes que las vacaciones mismas.

Del apocalíptico párrafo precedente podemos extraer que, en mi alarde de positivismo, des del momento en que la proyección de mi mismo es canalizada a través de Facebook y ya no sucede enteramente en el tiempo ni en la vida “real” (comitas, comitas), mi control sobre ella es mucho mayor por lo que lo que yo soy tenderá cada vez mas a lo que yo realmente quiero ser y, probablemente, se alejará de forma inversamente proporcional a lo que yo realmente soy, ya que la capacidad de autoengaño del ser humano tiende a su vez al infinito.

Como diría Rosell, bienvenido al mundo real. Aquí te espero.


About this entry